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Un frasco de vacuna estéril y sellado, aislado sobre un fondo gris liso.
Vida diaria

A quién recomiendan la OMS y el CDC vacunar contra el VPH

La Organización Mundial de la Salud prioriza a niñas de 9 a 14 años, antes de que empiece su vida sexual, y el CDC calcula que el virus causa unos 36,000 casos de cáncer al año solo en Estados Unidos.

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La Organización Mundial de la Salud revisó, en julio de este año, el documento donde explica el virus del papiloma humano (VPH) y su relación con el cáncer cervicouterino. Ahí sostiene que aplicar la vacuna a niñas de 9 a 14 años, mientras todavía no han tenido su primera relación sexual, figura entre las medidas con mayor efecto comprobado contra ese tipo de cáncer. En Estados Unidos, los CDC, la agencia federal que vigila enfermedades infecciosas, coinciden en esa misma prioridad de edad y aportan cifras que muestran qué tan extendido sigue el virus, pese a que ese país vacuna contra el VPH desde hace más de una década.

Según la agencia estadounidense, el esquema arranca normalmente a los 11 o 12 años, con la opción de empezar desde los 9. El número de dosis cambia con la edad de arranque: dos para quien comienza antes de cumplir 15, y tres para quien empieza después. Esa diferencia no es un detalle administrativo: la respuesta inmunológica varía con la edad, y por eso ambas instituciones insisten en no posponer la vacunación.

La OMS fija además una meta mundial para 2030, la estrategia "90-70-90": que 90% de las niñas estén vacunadas contra el VPH, que 70% de las mujeres se hayan hecho una prueba de tamizaje de alta precisión, y que 90% de quienes tengan lesiones precancerosas o cáncer invasivo reciban tratamiento. Con datos de 2024, la organización contabiliza alrededor de 604,000 diagnósticos y 280,000 muertes por este cáncer cada año a nivel global. Es, según esa cifra, el quinto tumor maligno más común en mujeres, y golpea con más fuerza a naciones donde el ingreso promedio es bajo o medio.

En su propio país, el CDC calcula que el virus ya infecta a más de 42 millones de personas con alguna cepa capaz de causar enfermedad, y suma cerca de 13 millones de contagios nuevos por año entre adolescentes y adultos. Para la agencia, se trata de una infección tan común que casi nadie sin vacuna escapa de contraerla en algún momento de la vida. La mayoría de esos contagios desaparece por sí solo en un par de años, pero los que se quedan son los que, con el paso del tiempo, pueden convertirse en tumores de cuello uterino, vagina, vulva, pene, ano o garganta.

Por eso el enfoque de ambas agencias no busca curar la infección, sino adelantarse a ella. Es la misma razón por la que se vacuna en la niñez y no en la adultez: la protección funciona mejor cuando llega antes de cualquier exposición al virus, y esa exposición suele empezar con la primera relación sexual.

Ni la OMS ni el CDC hablan aquí de población general: el llamado es puntual, para niñas de 9 a 14 años, con algunos países que ya lo extienden también a los niños. Quien ya dejó atrás esa edad no queda fuera de la ecuación, pero su vía de prevención cambia hacia el tamizaje periódico que las dos fuentes presentan como el complemento de la vacuna.

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