
La grasa parda se asocia con menos enfermedad cardiaca
Un estudio en Nature con más de 100 000 pacientes con cáncer es observacional, y el efecto del losartán sobre este tejido se vio solo en ratones y células.
Un equipo de la Universidad Rockefeller, que usó datos del Centro Oncológico Memorial Sloan Kettering, publicó el 14 de octubre en la revista Nature un estudio sobre la grasa parda, un tejido que gasta energía para producir calor. Los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH) difundieron el trabajo.
Con una herramienta de inteligencia artificial, el equipo analizó las imágenes PET/TC de más de 100 000 personas bajo vigilancia oncológica (101 243 adultos según los NIH) y las cruzó con más de 500 códigos diagnósticos. Quienes tenían grasa parda detectable presentaron con menos frecuencia enfermedades cardiovasculares, ansiedad y depresión, y mejores valores de glucosa, lípidos e inflamación. Los autores subrayan que son asociaciones y no prueban que el tejido cause esos resultados.
Lo que se vio con el losartán
Los pacientes que tomaban bloqueadores de los receptores de angiotensina, una clase de fármacos para la presión arterial a la que pertenece el losartán, mostraron más grasa parda en las imágenes. En células de este tejido en cultivo y en ratones sanos, el losartán subió la actividad metabólica y el gasto de energía sin cambiar el peso. Los autores atribuyen el efecto a un mecanismo distinto del que baja la presión. El estudio no informa cuántos ratones hubo por grupo, y en personas el medicamento no se ha probado con este fin.
Paul Cohen, autor sénior, dijo a la universidad: "Esto es apenas un comienzo". El primer autor, Nicolás Gómez-Banoy, explicó que la meta sería estimular la grasa parda en personas con presión normal, algo que todavía no se ha hecho.
El trabajo amplía uno de 2021 con unos 50 000 pacientes del mismo centro. Todos los datos clínicos salen de un solo hospital oncológico, y el estudio menciona posibles desventajas del tejido, como más osteoporosis y enfermedades de la piel, que quedan por estudiar.
Los resultados describen a pacientes con cáncer de un centro de Nueva York y, en la parte del fármaco, a ratones y células; no son una recomendación para la población general. Nada indica que alguien deba empezar, cambiar o suspender un medicamento, decisión que corresponde a cada paciente y su médico. El financiamiento del estudio no aparece en las fuentes consultadas.



