
Nepal pide en la ONU ayuda sin deuda tras las inundaciones
El primer ministro Balendra Shah dijo en la ONU que el desastre fue «una advertencia para el mundo» y pidió financiamiento que no obligue a Nepal a endeudarse.
Un mes después de que un alud de hielo y roca desbordara el cauce de los ríos Bhotekoshi y Trishuli, en la zona montañosa al norte de Katmandú, Balendra Shah, primer ministro de Nepal, llevó el desastre a la tribuna más alta de la diplomacia mundial. Ante la Asamblea General de la ONU, en su primer discurso frente a ese foro el jueves pasado en Nueva York, calificó lo ocurrido como una advertencia para el mundo entero y no solo una tragedia local, según recogió The Kathmandu Post.
Nepal es el país montañoso encajado entre India y China donde nace buena parte del sistema fluvial del Himalaya, y del que dependen millones de personas río abajo para el agua, el turismo y la electricidad; cuando un glaciar cede en sus alturas, arrastra pueblos enteros a su paso. Eso ocurrió el 26 de agosto en los distritos de Rasuwa y Nuwakot, junto a la frontera con el Tíbet, cuando el colapso de un glaciar provocó una crecida repentina.
Un mes después, la agencia de gestión de desastres del país ha recuperado 1,453 cuerpos y todavía busca a 5,644 personas, de acuerdo con The Associated Press. Apenas 112 de esos cuerpos han sido entregados a sus familias, porque el resto llegó en mal estado; los otros 1,333 se enterraron de forma provisional mientras avanzan las pruebas de ADN para identificarlos. Entre los desaparecidos, el gobierno chino reporta 261 connacionales, en su mayoría comerciantes que cruzaban por el paso fronterizo de Gyirong.
Financiamiento sin nueva deuda
En su discurso, Shah pidió a la comunidad internacional recursos que lleguen como donativo y no como préstamo, para que la reconstrucción no se pague con más deuda pública. También propuso armar, junto con India y China, un mecanismo regional que ayude a la región del Himalaya a resistir mejor estos desastres.
La justicia climática no puede seguir siendo solo una frase bonita.
Con esa frase, según el propio Kathmandu Post, Shah criticó el vocabulario diplomático que rara vez se traduce en dinero para las comunidades que ya sufrieron el desastre.
El costo preliminar de la reconstrucción ronda los 4,770 millones de dólares, cerca de una décima parte del producto interno bruto nepalí, y el desastre dañó o destruyó 7,500 viviendas y afectó a unas 33,000 personas, según la misma agencia estadounidense. También derrumbó decenas de puentes colgantes que conectan comunidades de montaña y golpeó instalaciones hidroeléctricas en la cuenca del Trishuli, donde equipos de rescate llegaron a sacar cuerpos de los túneles.
Para Shah, el reclamo tiene un fondo político: Nepal casi no emite gases de efecto invernadero y aun así carga con uno de los desastres climáticos más costosos del año en proporción a su economía. La cifra de desaparecidos, todavía en miles a un mes del hecho, mantiene la búsqueda como una crisis forense antes que de rescate, con apoyo técnico llegado de Singapur, Corea del Sur, Estados Unidos, India y China.



