
Grasas trans de lácteos y corazón: una revisión no halla vínculo
La Universidad de Reading difundió un análisis de 22 estudios; el comunicado no informa el financiamiento y la OMS mantiene una postura distinta.
La revista Nutrition Research publicó en 2026 una revisión sistemática sobre las grasas trans presentes de manera natural en la leche, la mantequilla, el yogur y el queso. Entre sus autores está Ian Givens, de la Universidad de Reading, que emitió un comunicado reproducido en octubre por ScienceDaily.
Son 22 estudios en total: un metaanálisis de 10 ensayos clínicos aleatorizados y 12 estudios de cohorte, con participantes de Europa, Canadá y Estados Unidos. El comunicado no precisa cuántas personas fueron y se limita a decir que son miles.
Qué encontraron
En los ensayos, consumir lácteos con más grasa trans natural no cambió de forma relevante los lípidos en sangre que sirven para estimar el riesgo del corazón, en comparación con lácteos habituales. En las cohortes, tener más de estas grasas en la sangre no se asoció con enfermedad cardiaca, infarto cerebral, muerte cardiovascular ni diabetes tipo 2.
Las cohortes son observacionales, de modo que muestran asociación y no causa. Para los autores, las grasas trans naturales de los lácteos parecen comportarse distinto que las industriales, ligadas con fuerza a enfermedad cardiaca. Givens dijo que quien oye "grasas trans" da por hecho lo peor.
La postura de la OMS
La Organización Mundial de la Salud sostiene en su ficha del 24 de enero de 2024 que tanto las industriales como las de rumiantes son "igualmente dañinas". Pide que aporten menos de 1 % de la energía total diaria y calcula que las industriales causan más de 278 000 muertes al año.
Las industriales surgen cuando se hidrogenan parcialmente aceites líquidos, y la OMS promueve su eliminación mediante el paquete REPLACE. Las de rumiantes están, por naturaleza, en la carne y los lácteos de vacas, ovejas y cabras. Esa discusión no es nueva. La revisión suma un análisis conjunto, pero por sí sola no modifica la recomendación de la OMS, que sigue siendo la referencia institucional.
Lo que falta
El comunicado omite quién financió el trabajo y si hubo conflictos de interés. Tampoco consta alguna reacción de la OMS, de la Secretaría de Salud ni de la American Heart Association, y no se revisó el artículo completo ni cuánto duraron los ensayos.
El análisis corresponde a población adulta general de los países estudiados. No es una indicación para personas con enfermedad cardiaca o lípidos altos, cuyo caso depende de su médico.



