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Vida diaria

Qué tan sólida es la evidencia detrás de los probióticos

El NIH y Harvard describen una evidencia limitada y específica por condición, lejos de la promesa genérica de mejorar la salud intestinal que domina el mercado.

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Los probióticos, microorganismos vivos que se venden en cápsulas y se promocionan en yogures y bebidas fermentadas, están entre los productos de bienestar más comprados sin receta. Pero el NCCIH, el brazo de medicina complementaria de los Institutos Nacionales de Salud estadounidenses, y Harvard, a través de su Escuela de Salud Pública T.H. Chan, coinciden en pintar un panorama bastante más modesto que el que sugiere el empaque de la mayoría de estos productos.

El NCCIH resume que hay algo de evidencia de beneficio para ciertas condiciones puntuales, pero que la solidez de esa evidencia cambia mucho según el estudio, la cepa y la dosis empleada, y que hasta ahora la FDA no ha dado luz verde a ninguna declaración de salud para estos productos cuando se venden como suplemento. Harvard es más tajante: señala que la mayor parte de lo publicado sobre suplementos probióticos es "de baja calidad", y advierte que buena parte de esa investigación la financia una industria que factura miles de millones de dólares al año.

La solidez de esa evidencia, además, varía mucho según la condición que se busque tratar. Sobre la diarrea que puede provocar el uso de antibióticos, el NCCIH cita una revisión de 2017 que reunió 17 estudios y 3,631 personas: ahí, tomar probióticos bajó casi a la mitad la probabilidad de presentarla, con una calidad de evidencia que esa revisión calificó de moderada. Para el síndrome de intestino irritable, otra revisión, de 2018, con 53 estudios y 5,545 participantes, halló posibles beneficios sobre los síntomas generales y el dolor abdominal, sin que se pudiera identificar qué cepas funcionan mejor. Sobre la dermatitis atópica en la infancia, 13 estudios con 1,271 niños arrojaron resultados poco consistentes; en adultos, apenas 9 estudios con 269 personas dieron evidencia preliminar y solo para algunas cepas puntuales. Y para la infección por la bacteria Clostridium difficile, un análisis con 31 estudios y 8,672 pacientes encontró que los probióticos moderan el riesgo de una diarrea asociada a ese padecimiento.

El NCCIH cita, además, advertencias de la FDA a personal de salud sobre casos de infecciones graves, algunas mortales, en bebés prematuros a quienes se les dieron probióticos. Vale la pena anotar que la página del NCCIH no se ha actualizado desde agosto de 2019, mientras que la de Harvard es de marzo de 2025, y que ninguna de las dos aconseja una cepa, dosis o marca en particular.

Ambas instituciones coinciden en la misma recomendación de entrada: buscar los probióticos primero en alimentos fermentados, como el yogur, el kéfir, el chucrut o el kimchi, antes que en un suplemento, y hablar con un médico antes de tomar cualquier producto probiótico, sobre todo si el sistema inmunológico está debilitado.

"Salud intestinal" se volvió una de las categorías de bienestar más vendidas de los últimos años, casi siempre sin ninguna de las salvedades que ponen el NIH y Harvard. Estas cifras corresponden a estudios en población infantil y adulta con condiciones clínicas puntuales, no a personas sanas sin ninguna de ellas, y nada de esto sustituye la valoración de un médico sobre el caso particular de cada quien.

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