
Cómo medir bien la presión arterial en casa
El CDC detalla la técnica correcta y el NIH define, con su revisión más reciente, los valores que separan una lectura normal de una hipertensión ya diagnosticable.
Tomarse la presión en casa parece sencillo, pero un detalle mal hecho puede arrojar un número equivocado. Por eso el CDC (Centers for Disease Control and Prevention, la agencia federal de salud de Estados Unidos) publica una guía específica sobre la técnica, mientras que el NHLBI (National Heart, Lung, and Blood Institute, dependiente del NIH) se enfoca en qué significa cada cifra. Las dos páginas se revisaron recientemente: la del CDC, el 4 de septiembre de 2026, y la del NHLBI, el 26 de junio de 2025.
La técnica que recomienda el CDC incluye sentarse con la espalda apoyada al menos cinco minutos antes de empezar, apoyar los pies completos en el suelo, ubicar el brazo a la altura del corazón y colocar el brazalete directamente sobre la piel, sin ropa de por medio. Pide además guardar silencio mientras dura la medición, tomar por lo menos dos lecturas separadas por uno o dos minutos, y evitar comida, bebida o cigarro en la media hora previa. El NHLBI, por su parte, sugiere usar un aparato validado y remite a un listado disponible en validatebp.org.
Con la técnica resuelta, el número que arroja el aparato se compara contra cuatro categorías. Una lectura por debajo de 120/80 mm Hg (milímetros de mercurio) se considera normal. Entre 120 y 129 de presión sistólica, con la diastólica todavía bajo 80, la clasificación pasa a elevada. De ahí en adelante hay dos niveles de hipertensión: el primero va de 130 a 139 de sistólica o de 80 a 89 de diastólica, y el segundo arranca en 140 de sistólica o 90 de diastólica, cualquiera de las dos. Por encima de 180/120 mm Hg, el NHLBI habla de una urgencia que requiere atención médica inmediata.
Ninguna de las dos instituciones fija cada cuánto debería tomarse la presión alguien sin un diagnóstico previo; esa frecuencia, dice el CDC, queda a criterio del equipo médico de cada persona. Tampoco detallan ajustes distintos para el embarazo, la niñez o quienes ya viven con una enfermedad renal o cardiaca.
Estos valores de referencia están pensados para la población adulta en general. Por eso las dos agencias insisten tanto en la técnica como en el número final: una espalda sin apoyo o hablar durante la toma puede dar una lectura que no refleja la presión real, ya sea con una falsa alarma o con una tranquilidad indebida.
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