
Un ensayo con 18 mayores halla secuelas del calor al amanecer
Un ensayo de la Universidad de Ottawa simuló tres días de ola de calor en laboratorio. Es una muestra pequeña, y el efecto no se corrigió del todo al enfriar de noche.
El profesor Glen Kenny y su equipo de la Universidad de Ottawa publicaron el 30 de septiembre en The Lancet Planetary Health un ensayo aleatorizado cruzado sobre el efecto de una ola de calor en adultos mayores. Participaron 18 personas de la región de Ottawa y Gatineau, nueve mujeres y nueve hombres, con edades de 67 a 84 años. Es un estudio de un solo sitio y revisado por pares.
Cada voluntario vivió tres días y dos noches corridos dentro de una cámara climática armada como un departamento. En el escenario de calor, el termostato marcaba 34 °C durante el día y 26 °C por la noche. En el de control se mantuvo en 26 °C todo el tiempo. Los autores los escogieron porque son parecidos a lo registrado en hogares canadienses y estadounidenses en esos episodios.
En los días calurosos, la temperatura corporal central máxima promedió 37,8 °C, contra 37,4 °C en el escenario fresco. El corazón latía alrededor de cinco veces más por minuto. En la sangre aparecieron más indicadores de estrés en los riñones y en el aparato digestivo. El comunicado reporta también menor presión arterial y menor función autonómica cardiaca, además de descensos leves en equilibrio y en pruebas cognitivas.
Lo que pasó al enfriar la noche
Casi todas las reacciones del cuerpo volvieron hacia lo normal con la noche más fresca, aunque no del todo. Al amanecer persistían la presión sistólica baja y los marcadores renales altos. Kenny lo explicó así en el comunicado:
La temperatura del cuerpo no subió de un día al siguiente, pero eso no quiere decir que se hubiera recuperado del todo.
La cita es una traducción de la declaración original en inglés. Según News-Medical, el investigador añadió que refrescar únicamente la noche quizá no alcance para resguardar del todo a los mayores frente al sobrecalentamiento diario.
Los límites
El ensayo es pequeño y se hizo en laboratorio, con tres días de exposición. No midió hospitalizaciones ni muertes, y sus condiciones no se trasladan directamente a una vivienda real ni al clima de México. El trabajo recibió fondos de Salud Canadá, mediante su programa sobre clima y salud, y de los Institutos Canadienses de Investigación en Salud.
Los resultados corresponden a adultos mayores sanos, el grupo que estudió el diseño. No se evaluó a personas con enfermedades crónicas ni a niños, y el estudio no sustituye la orientación de un profesional de salud.



