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Una mano con las uñas pintadas de rosa claro sostiene sus dedos frente a un reloj dorado desenfocado al fondo.
Vida diaria

La AAD pide protegerse de las lámparas UV de manicura

La Academia Americana de Dermatología liga el uso repetido de estas lámparas con más riesgo de cáncer de piel en las manos.

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Las manicuras de gel se curan bajo lámparas que emiten radiación ultravioleta tipo A, la misma familia de rayos que broncea la piel y que, con exposición repetida, puede dañarla. La AAD, que agrupa a los dermatólogos de Estados Unidos, y el centro oncológico MD Anderson, de la Universidad de Texas, coinciden en que el riesgo existe, aunque depende de qué tan seguido alguien se hace este tipo de manicura.

Dos medidas, según la AAD, ayudan a reducir esa exposición justo antes de curar el esmalte:

  • Ponerse protector solar de amplio espectro con FPS 30 o superior en las manos.
  • Cubrirse con guantes oscuros que no dejen pasar la luz, recortados solo en la punta para que quede libre la uña.

La dermatóloga Saira George, del MD Anderson, matiza el riesgo con la evidencia disponible hasta ahora:

"El riesgo parece ser bajo."

George aclara que se refiere puntualmente a los secadores de uñas, y agrega que la exposición a rayos UV se va sumando a lo largo de toda una vida: quienes frecuentan el salón con regularidad, o ya tienen un riesgo mayor de cáncer de piel, deberían tomar más precauciones.

Un estudio de laboratorio de 2014 revisó 17 lámparas de 16 salones y concluyó que una sola sesión no representa un peligro importante, aunque el daño al ADN podría acumularse con visitas repetidas. Una investigación posterior, publicada en 2023 en *Nature Communications*, sí encontró que esa radiación puede alterar el ADN y generar mutaciones, aunque el trabajo se hizo en células de laboratorio, no en piel de personas, según aclaró la propia George.

MD Anderson compara este riesgo con el de un hábito ya conocido: el de las camas de bronceado, a las que un estudio de 2014 les atribuye, solo en Estados Unidos, más de 419 000 casos de cáncer de piel cada año. Esa cifra es sobre las camas de broncear, y se usa aquí solo como referencia del tipo de riesgo, no como un dato equivalente al de las lámparas de manicura. Hay además dos casos clínicos, reportados en 2009, de mujeres que tras años de manicura de gel con regularidad terminaron con cáncer de piel en las manos. Con una muestra tan chica, la propia institución admite que es difícil probar que una cosa haya causado la otra.

Todo esto está pensado para quien se hace manicuras de gel de manera habitual, no para un caso clínico particular. Ninguna de las dos fuentes ofrece una cifra oficial del riesgo absoluto para quienes van al salón, y ambas remiten a un dermatólogo a quien tenga antecedentes de cáncer de piel, piel muy clara o use medicamentos que aumenten la sensibilidad al sol.

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