
Estudio asocia ultraprocesados con daño vascular cerebral
Un análisis de dos cohortes canadienses halló más lesiones vasculares en las resonancias de quienes comían más ultraprocesados, sin diferencias en pruebas cognitivas. El diseño no prueba causa.
JAMA Network Open publicó el 15 de octubre un estudio que asocia un mayor consumo de alimentos ultraprocesados con más lesiones vasculares cerebrales visibles en resonancia magnética. Los autores trabajan en la Universidad McMaster, en Canadá, donde forman parte de su Instituto de Investigación en Salud Poblacional.
Es un estudio transversal: un análisis secundario de dos cohortes canadienses que reúnen a 8 783 adultos de entre 35 y 69 años, ninguno con enfermedad cardiovascular. La edad media fue de 57.7 años y 56.6 % eran mujeres. Todas las mediciones se tomaron en una sola visita, así que el trabajo no puede decir si los ultraprocesados causan esos cambios ni si consumir menos los frenaría. Los propios autores lo reconocen, según el comunicado de McMaster.
Los autores estimaron el consumo con cuestionarios sobre la frecuencia con que las personas comían cada alimento, y lo expresaron en porciones por cada 2 000 kilocalorías diarias. Entre quienes más consumían, los ultraprocesados sumaban 45 % de las porciones del día; entre quienes menos, 16 %.
Lo que midieron
- Lesión vascular cerebral: razón de momios ajustada de 1.40 (IC 95 %: 1.10 a 1.77) en el cuartil de mayor consumo frente al de menor, con prevalencias de 11.3 % y 8.1 %.
- Infarto cerebral encubierto: razón de momios de 1.21 (IC 95 %: 1.04 a 1.42) por cada cinco porciones adicionales por 2 000 kilocalorías.
- Grasa corporal: 1.7 puntos porcentuales más en el cuartil de mayor consumo; grasa visceral, 5.7 mililitros más.
- Cognición: sin asociación significativa en las pruebas DSST y MoCA.
Una razón de momios de 1.40 no significa que cada persona corra 40 % más riesgo: compara las probabilidades de tener la lesión entre grupos con distinto consumo. Los autores advierten además que la asociación depende de cómo se exprese el consumo, y que con otras formas de medirlo, como el porcentaje de energía, no fue significativa. Tampoco fue consistente en los componentes por separado, los infartos encubiertos y las hiperintensidades de sustancia blanca.
En mujeres, un análisis exploratorio y no prespecificado dio una razón de momios de 1.78 (IC 95 %: 1.27 a 2.48), y en hombres de 1.08 (IC 95 %: 0.76 a 1.54). Ese hallazgo falta replicarlo.
Según las limitaciones que enumera el artículo, la muestra tiene un nivel educativo alto (más de 73 % cursó estudios posteriores a la preparatoria) y las pruebas cognitivas detectan poco en la mediana edad. Russell J. de Souza, primer autor y profesor asociado de McMaster, dijo en el comunicado que lesiones así suelen vincularse con enfermedades que se atienden mucho más tarde en la vida. Sonia Anand, autora sénior, sostuvo que el vínculo entre dieta y salud cerebral podría detectarse antes de que aparezcan problemas perceptibles.
El estudio observó solo a adultos canadienses de entre 35 y 69 años libres de enfermedad cardiovascular. Sus hallazgos no se pueden aplicar a menores, a personas con enfermedad cardiaca ni, sin más estudios, a la población mexicana.



